Caputo niega recesión, admite menor crecimiento y culpa al calendario electoral por el riesgo país
El ministro de Economía cerró la gira en París defendiendo el rumbo: 29 meses de expansión a un ritmo más bajo, riesgo país cerca de 650 por shocks externos e incertidumbre política, y apuesta a obra vial, crédito y salario real.

El ministro de Economía cerró la gira europea con un diagnóstico que busca ordenar el relato frente a los números flojos de actividad y al riesgo país más alto del año. En una charla con periodistas en la embajada argentina en París, Luis Caputo sostuvo que el país "no está en recesión" y que, en cambio, "está creciendo menos que antes" por una mezcla de shocks externos y factores políticos.
La frase resume la estrategia comunicacional del Palacio de Hacienda tras la Argentina Week: reconocer la desaceleración sin entregar el marco de recuperación. Según el funcionario, la economía lleva 29 meses de expansión y la tendencia-ciclo —la métrica que prioriza frente a las series desestacionalizadas— marca ahora un avance del 0,2% mensual, por debajo del ritmo previo.
El ministro de Economía cerró la gira en París defendiendo el rumbo: 29 meses de expansión a un ritmo más bajo, riesgo país cerca de 650 por shocks externos e incertidumbre política, y apuesta a obra vial, crédito y salario real.
El riesgo país y la lectura política
Caputo ubicó el indicador soberano en torno a los 650 puntos básicos y lo contrastó con el piso de 400 que tocó en momentos más favorables, y con el rango de 2.500 a 3.000 puntos del que partió la gestión. Parte de la suba, dijo, responde a lo que ocurre en el mundo: tasas de interés a 10 y 30 años en máximos de más de dos décadas y un shock energético que también frena a vecinos como Chile y Uruguay.
Pero admitió que "lo electoral también tuvo impacto". Relató que en reuniones en Nueva York, durante la asamblea de la ONU, inversores financieros preguntaron por el eventual regreso del kirchnerismo. "Lo que más quiere el mundo es que Argentina no vuelva al pasado", subrayó. Y agregó una línea que ya circula en el entorno oficial: él puede creer que ese riesgo es "cero", pero su tarea es prepararse para lo que piensan los mercados, no para lo que piensa él.
Esa lectura coincide con el termómetro que miran los bancos de inversión desde Wall Street: actividad en baja en julio, pobreza al alza en el primer semestre y un calendario electoral que, a un año de 2027, ya se traduce en volatilidad de bonos y spreads.
Obra, crédito y salario real
Para sostener el optimismo de corto plazo, Caputo apuntó a tres motores. Anunció que en octubre arranca la construcción de 9.000 kilómetros de concesiones viales, con efecto multiplicador sobre el resto de la economía. Dijo que la mora bancaria "ya está bajando" y que el crédito vuelve a verse en la venta de autos. Y afirmó que el salario real se recuperó en cuatro de los últimos cinco meses, con proyección favorable para agosto.
También reivindicó la recaudación de septiembre como "particularmente mejor" y proyectó un desempeño más sólido en agosto y septiembre, aunque pidió cautela antes de cantar victoria. En el frente externo, celebró anuncios de inversión por unos 27.000 millones de dólares durante la semana argentina en París y destacó la presencia de gobernadores aliados como señal de previsibilidad para el capital extranjero.
Confianza, FMI y el relato hacia 2027
El ministro insistió en que el país "transmite confianza" y que la seguridad jurídica es el factor que decide grandes desembolsos. Sobre el vínculo con el Fondo Monetario Internacional, habló de una relación "muy fluida" y de una confianza "inédita" tras dos años y medio de pruebas.
El mensaje político queda claro: el oficialismo quiere que el mercado separe desaceleración de derrumbe, y que atribuya parte del nerviosismo financiero al fantasma electoral más que a un quiebre del programa. La oposición, en tanto, leerá los mismos datos —actividad floja, riesgo país en máximos del año y pobreza creciente— como evidencia de que el ajuste se agota. Entre una lectura y la otra, octubre pone a prueba si la obra pública, el crédito y el salario real alcanzan para sostener el relato de crecimiento a menor ritmo.

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