Crisis en la mesa política: el oficialismo se pelea a cielo abierto
El envío del Presupuesto 2027 reabrió la grieta entre Economía, el armado político y el bloque senatorial. Bullrich exteriorizó el malestar; Karina y Caputo sostienen lecturas opuestas sobre cómo gobernar hasta 2027.

La pelea ya no se disimula. Después de una semana en la que el envío del Presupuesto 2027 al Congreso detonó cruces entre Economía, el armado político y el bloque senatorial, la mesa chica del oficialismo llega al domingo con vínculos rotos y sin un método claro para recomponerlos. El martes tendrán que mirarse a la cara otra vez. Nadie garantiza que el abrazo alcance.
El detonante fue de madrugada. Un alfil legislativo avisó que el proyecto que había ingresado al Congreso traía retrocesos sensibles respecto de lo negociado con aliados, sobre todo en discapacidad. Horas antes, la mesa política se había reunido y esos cambios no habían sido expuestos por el ministro de Economía. La reacción privada fue de incredulidad. La pública, más dura: la jefa del bloque oficialista en el Senado acusó al área económica de haberla tomado de "tonta" y, al día siguiente, difundió un video con una canción de una artista que el Presidente suele atacar. El mensaje no necesitaba subtítulos.
El envío del Presupuesto 2027 reabrió la grieta entre Economía, el armado político y el bloque senatorial. Bullrich exteriorizó el malestar; Karina y Caputo sostienen lecturas opuestas sobre cómo gobernar hasta 2027.
En su entorno leen la jugada como crítica al método, no al rumbo. Admiten estar mayoritariamente de acuerdo con la dirección del Gobierno, pero rechazan un esquema que describen como de acatamiento sin discusión. Creen que, si esa lógica se sostiene, la reelección se complica. Algunos, incluso, preferirían acelerar una definición presidencial propia. Del otro lado, el círculo cercano a la hermana del Presidente baja el tono y al mismo tiempo marca el tablero: no quieren echarla, pero subrayan que, si alguien da un paso al costado, los números en Diputados y en el Senado no se caen solos.
La interna no es solo de dos. El presidente de la Cámara baja también quedó sorprendido por la dureza del capítulo de discapacidad, aunque eligió no pelear en público. Junto al jefe de Gabinete ya empezaron a reconstruir puentes con bloques aliados y a prometer un acuerdo que recoloque el debate. Se espera, en los próximos días, una ronda de gobernadores dialoguistas por Balcarce 50: Mendoza, Entre Ríos, San Juan y Chubut figuran entre los nombres que circulan. La Casa Rosada necesita gobernabilidad legislativa hasta diciembre; los mandatarios provinciales necesitan certezas electorales. Esas dos agendas no siempre se cruzan.
Hay, además, una lectura más dura dentro del oficialismo. Sectores cercanos al asesor presidencial ven en los cambios de discapacidad una señal de disruptividad coherente con el mandato de 2023: menos contención a aliados, más reforma. Esa misma tribu, paradoja de la semana, también critica que no se haya cerrado un pacto más amplio con gobernadores después de las elecciones de medio término. Apertura territorial y dureza fiscal conviven en el mismo edificio, con diagnósticos opuestos sobre qué se desperdició en 2026.
El mercado ya lo registra. Operadores financieros leen la desalineación entre la hoja de ruta económica y la política como un freno a las virtudes del programa hasta después de las elecciones. Informes privados marcan una economía más grande en tamaño, con inflación interanual baja en términos históricos, pero con sectores intensivos en empleo todavía rezagados. La pregunta que dejan abierta es si esa performance alcanza para reelegir. La respuesta, admiten, depende de cómo se armarán las ofertas de 2027.
En el Congreso, la pelea se traduce en agenda concreta. Esta semana, comisiones de Discapacidad y Presupuesto deberán firmar dictámenes. El ala parlamentaria del oficialismo apunta a un texto que no elimine el nomenclador, actualice prestaciones cada dos meses por IPC y endurezca requisitos de pensiones por invalidez, para luego intentar reemplazar el articulado que Economía metió en la ley de leyes. En el Senado, la jefa de bloque quiere volver a sesionar por la Carta Orgánica del Banco Central y Zona Fría, con aliados que piden retocar la media sanción. Cada proyecto se vuelve, otra vez, campo de prueba de quién conduce la política.
El Presidente, por ahora, mira desde afuera. Desactivó un operativo digital que ya estaba listo para responder con dureza a la senadora. En la Casa Rosada repiten que la van a abrazar y no caer en el juego de una nueva ruptura tipo vicepresidencia. Muchos la ven como fórmula ideal para 2027; pocos se oponen en público. Pero cada chispazo revive el fantasma de una socia que no se deja forrear. Ella viene de pelearse con Larreta y con Macri. Las balas, dicen quienes la conocen, le rebotan.
El problema de fondo es de sucesión y de método. Si hay reelección, la pelea por la herencia 2031 ya empezó. Si no la hay, la amenaza de espiralizar el conflicto deja de ser metáfora. Mientras tanto, el Presupuesto, Malvinas, el Banco Central y la reforma electoral siguen en el menú de cinco leyes que el Ejecutivo quiere cerrar antes de diciembre. La tregua con gobernadores se pide en voz alta. La tregua interna, todavía, no tiene garante.

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