El dólar opera 26% bajo el techo de la banda, la brecha más amplia en 16 meses
El dólar mayorista opera cerca de $1.508 y queda a casi 26% del techo de la banda, la brecha más amplia en 16 meses. El Central compra poco, prioriza calma cambiaria y de tasas, y el mercado proyecta $1.630–$1.645 a fin de año.

El tipo de cambio mayorista cerró la primera rueda de la semana cerca de los 1.508 pesos, el valor más bajo desde fines de agosto, y quedó a casi 26 puntos porcentuales del techo del régimen de bandas. Esa holgura es la más amplia desde mayo de 2025 y resume el clima de calma financiera que el equipo económico intenta preservar mientras avanza el debate del Presupuesto 2027 y se recalibran expectativas de cara a 2027.
En el segmento de contado el volumen operado se redujo con fuerza respecto del viernes, pero la oferta alcanzó para contener la cotización. El minorista en el Banco Nación se mantuvo en 1.530 pesos para la venta. El paralelo informal operó en torno a 1.545 pesos, con una brecha estrecha frente al mayorista. Los financieros, en cambio, se movieron más altos: el MEP cerca de 1.538 y el contado con liquidación en torno a 1.600 pesos.
El dólar mayorista opera cerca de $1.508 y queda a casi 26% del techo de la banda, la brecha más amplia en 16 meses. El Central compra poco, prioriza calma cambiaria y de tasas, y el mercado proyecta $1.630–$1.645 a fin de año.
El techo de la banda quedó esta jornada cerca de 1.898 pesos. Eso deja al mayorista con un margen teórico de alza de unos 390 pesos, o cerca de 26 por ciento, antes de tocar el límite superior del esquema que rige desde abril de 2025. El piso y el techo se actualizan con la inflación del mes anterior: el 1,7 por ciento de agosto determinará el ajuste de octubre y empujará el techo hacia valores cercanos a 1.952 pesos hacia fines de ese mes.
La lectura oficial y de buena parte del mercado es que la desaceleración de precios da aire al esquema. En lo que va de 2026 el tipo de cambio oficial acumula una suba cercana al 3,6 por ciento, muy por debajo de una inflación acumulada próxima al 22 por ciento. Esa brecha entre precios y tipo de cambio es, a la vez, el activo político del programa y el punto más sensible para exportadores e industriales que reclaman competitividad.
La oferta de divisas no depende solo del Banco Central. Precios internacionales más firmes de soja y petróleo, junto con un flujo renovado de colocaciones de deuda corporativa y títulos provinciales, alimentan liquidaciones por encima de lo usual para esta altura del calendario. En paralelo, la demanda privada se sostiene: entre enero y agosto los corporativos giraron dividendos por montos inéditos en dólares, en un contexto en el que todavía se descomprimen utilidades retenidas bajo el cepo.
El costo de esa calma aparece en las reservas. El promedio móvil de cinco días de compras del Central cayó a un mínimo de unos 8 millones de dólares. El viernes la entidad adquirió apenas 5 millones, una fracción mínima del volumen del Mercado Libre de Cambios. Las reservas brutas rondaron los 50.469 millones. Analistas del mercado describen el trade-off con claridad: en 2026 el Central logró por tramos dólar quieto, tasas más bajas y compras elevadas; en las últimas semanas prioriza estabilidad cambiaria y de tasas, y resigna acumulación de divisas.
Las expectativas de mediano plazo no proyectan un salto hacia el techo. El Relevamiento de Expectativas de Mercado ubica al dólar promedio en 1.530 en septiembre, 1.565 en octubre, 1.600 en noviembre y 1.630 en diciembre, una corrección a la baja respecto del relevamiento previo. Un consenso de consultoras locales e internacionales lo lleva a unos 1.645 pesos a fin de año. Si se cumplen, la suba del tipo de cambio en 2026 quedaría cerca del 13 por ciento, más alineada con la desaceleración de precios que con un escenario de corrida.
El dato importa porque la semana política gira en torno al envío del Presupuesto y a la negociación con gobernadores y bloques aliados. Un tipo de cambio quieto y una inflación mensual por debajo del 2 por ciento son el principal argumento del oficialismo para defender el equilibrio fiscal. Al mismo tiempo, la menor compra de reservas y la presión de dividendos y demanda privada marcan el límite de esa quietud: la banda ancha es un colchón, no una garantía de que el mercado se quede indefinidamente en el piso del corredor.
Para el corto plazo, el escenario base del mercado es continuidad de la volatilidad acotada, tasas sin mucho espacio adicional a la baja y un techo de banda que se irá moviendo con cada dato de inflación. La pregunta que queda abierta no es si el dólar está lejos del techo —lo está—, sino cuánto tiempo puede el Central sostener esa holgura sin recuperar ritmo de compras mientras se acelera el ciclo electoral.

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