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Malvinas

Galperín no acompaña el giro malvinero: accionistas de Navitas tienen 41 millones de dólares en Mercado Libre

Tres accionistas de Navitas Petroleum, sancionada por operar en la plataforma continental argentina, figuran como inversores de Mercado Libre. El cruce de carteras en Wall Street tensiona el endurecimiento oficial sobre Malvinas.

"Galperín comparte con el Presidente el ideario liberal, pero no la súbita pasión del jefe de Estado por las islas" (Diario Perfil)

El endurecimiento oficial sobre Malvinas chocó con un dato de mercado. Tres accionistas de Navitas Petroleum, la petrolera israelí cuyas operaciones en la plataforma continental argentina el Estado declaró ilegales, aparecen como inversores de Mercado Libre. El cruce de carteras en Wall Street suma cerca de 41 millones de dólares y deja al descubierto el límite práctico de las sanciones anunciadas por el Gobierno.

La paradoja no es menor. Casa Rosada elevó el tono soberano y reglamentó la Ley 26.659 para obligar a firmas globales a elegir: mercado local —con foco en Vaca Muerta— o vínculo con proyectos hidrocarburíferos en las islas. Al mismo tiempo, los formularios trimestrales 13F del regulador estadounidense muestran que fondos ligados a Navitas tienen posición abierta en el unicornio argentino más cotizado de Nueva York.

Tres accionistas de Navitas Petroleum, sancionada por operar en la plataforma continental argentina, figuran como inversores de Mercado Libre. El cruce de carteras en Wall Street tensiona el endurecimiento oficial sobre Malvinas.

Migdal Insurance & Financial Holdings lidera el lote: 12.000 acciones de Mercado Libre por unos 20,4 millones de dólares. Detrás aparece Harel Insurance Investments & Financial Services, con 4.607 títulos valuados en cerca de 10,9 millones. Cierra el podio Meitav Dash Investments, con 5.756 acciones por unos 9,8 millones. Ninguna de las tres ostenta control de gestión ni silla en el directorio, pero juntas concentran una fracción accionaria que el relato político no puede ignorar.

Marcos Galperín comparte con Javier Milei el ideario liberal y la defensa del capital privado. No acompaña, en cambio, la súbita centralidad malvinera del Presidente. El contraste se volvió visible justo cuando Cancillería y Defensa buscan mostrar músculo en el Atlántico Sur: Quirno y Presti viajaron a Ushuaia, se reunieron con el gobernador Gustavo Melella y recorrieron la Base Naval Integrada, una obra que el Gobierno reactivó con fondos reasignados y que busca anclar presencia estatal en Tierra del Fuego.

Navitas no es un desconocido para el Estado. En 2022, la Secretaría de Energía la calificó de empresa clandestina e inhabilitó sus actividades en la plataforma continental argentina. El expediente se reactivó en el discurso oficial cuando el Gobierno extendió controles administrativos a la cadena de proveedores y financiamiento. Quirno lo dijo en público ante ejecutivos de finanzas: quien forme parte de la cadena logística o financiera del proyecto en las islas queda bajo la lupa.

El problema es de arquitectura capitalista, no de simpatías personales. Los mismos holdings que financian o acompañan el desarrollo de Sea Lion —el proyecto emblemático en aguas disputadas— también se sentaron en el capital de Mercado Libre a través del mercado abierto. No hace falta una mesa política entre Galperín y Tel Aviv: basta el 13F. La sanción administrativa apunta a la firma operativa; el papel bursátil diluye la frontera entre "amigo" y "enemigo" en un solo ticker.

Para el oficialismo, el mensaje sigue siendo binario: o Vaca Muerta o Malvinas. Para el mercado, la cartera es más elástica. Migdal, Harel y Meitav Dash pueden sostener exposición a MELI sin gestionar la compañía, y al mismo tiempo figurar en el mapa de Navitas. Esa doble pertenencia debilita el argumento de que el capital global "elegirá" bajo presión normativa argentina.

La Justicia federal, en paralelo, tramita planteos para frenar la explotación petrolera vinculada a Sea Lion. El frente judicial y el administrativo avanzan, pero el frente financiero muestra otra foto: mientras Cancillería endurece el discurso, Wall Street ya mezcló los papeles. El Gobierno puede sancionar a Navitas; no puede borrar de un plumazo a los fondos que, en el mismo trimestre, aparecen del otro lado del mostrador argentino.

El dato político de fondo es de coherencia. Milei necesita aliados empresarios para sostener el relato de orden y crecimiento. Galperín es el símbolo más potente de ese capitalismo exitoso hecho en Argentina. Que accionistas de una petrolera sancionada por Malvinas figuren en Mercado Libre no implica complicidad ni dirección cruzada. Sí implica que la guerra de sanciones choca con la realidad de los portafolios globales, donde la soberanía se cotiza en dólares y no en arengas.

Lo que sigue es previsible. El Ejecutivo insistirá con la disyuntiva Vaca Muerta/Malvinas y con controles a proveedores. El mercado seguirá reportando 13F. Y la foto política quedará en el medio: un Presidente que eleva la bandera de las islas y un empresario liberal que, sin pelearle el ideario, no se suma al fervor. Entre ambos, 41 millones de dólares en acciones que no votan en el Congreso pero sí pesan en el relato.

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