Karina marca la cancha con sushi: tregua con Bullrich y reelección como bandera
Karina Milei cenó con el bloque de senadores libertarios, reclamó unidad detrás de la reelección de Javier Milei y bajó la tensión con Patricia Bullrich tras la pelea por el Presupuesto y discapacidad. Bullrich negó aspiraciones presidenciales y habló de «amistad y buena onda».

La mesa se armó con sushi, bromas y fotos oficiales. Detrás de esa escenografía amable, la secretaria general de la Presidencia volvió a poner el foco donde el oficialismo necesita disciplina: la reelección del presidente Javier Milei. La cena con el bloque completo de senadores de La Libertad Avanza, en un restaurante de Villa Urquiza, funcionó como cierre simbólico de una semana de idas y vueltas y como ensayo de unidad antes de una sesión cargada en la Cámara alta.
Patricia Bullrich llegó, se sentó cerca de la cabecera y, al salir, eligió el tono bajo. Describió el encuentro como «amistad, compañerismo y buena onda», negó que la hermana del Presidente hubiera pretendido intervenir el bloque y respondió con un lacónico «no» cuando le preguntaron por aspiraciones presidenciales. Karina Milei, a su turno, calificó de «muy bien» el vínculo con la jefa de bancada y descartó versiones de roce con su hermano: la relación, dijo, es «espectacular».
Karina Milei cenó con el bloque de senadores libertarios, reclamó unidad detrás de la reelección de Javier Milei y bajó la tensión con Patricia Bullrich tras la pelea por el Presupuesto y discapacidad. Bullrich negó aspiraciones presidenciales y habló de «amistad y buena onda».
El contexto explica la puesta en escena. La semana previa había estallado la discusión por capítulos del Presupuesto 2027, en particular los recortes en discapacidad. Bullrich criticó en público al ministro de Economía, Luis Caputo, y reforzó un perfil autónomo al hablar de la «continuidad del proyecto» sin nombrar al Presidente. En Casa Rosada le pidieron canalizar las diferencias puertas adentro. La cena —convocada a comienzos de la semana y consumada el miércoles por la noche— fue la segunda vuelta de ese reordenamiento, después de la mesa política del martes.
Fuentes del entorno karinista leen la tregua como una convivencia forzada: saben que Bullrich «busca tironear», pero también que no le conviene romper y que el oficialismo la considera valiosa. En el campo de la senadora minimizan el episodio y lo enmarcan en un «sube y baja» habitual. Ambos lados coinciden, al menos por ahora, en que no se anticipa una nueva escalada inmediata. La marca política, sin embargo, quedó sembrada: Karina habló desde la cabecera de «consolidar el rumbo» y de trabajar por la reelección.
Alrededor de la mesa también estuvo Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, y Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado. Se mencionó la sesión del jueves —reforma de la carta orgánica del Banco Central y cambios al régimen de Zonas Frías—, pero varios asistentes insistieron en que se habló «mucho más de lo que viene para adelante»: la relación con gobernadores aliados de Pro y la UCR, y el horizonte 2027. La suspensión de las PASO, congelada por falta de votos, ni siquiera entró en serio.
La tregua llega con números ajustados en el Senado. El oficialismo necesita aliados provinciales y bloques dialoguistas para sostener quórum y sancionar. El proyecto del Banco Central ya se sabe que vuelve a Diputados por cambios en el mecanismo de remoción de autoridades. Zonas Frías sigue «atado con alambre», según reconocen propios y ajenos. En ese tablero, la foto del sushi no es un detalle gastronómico: es un intento de alinear a la jefa de bloque con la narrativa de unidad que el Ejecutivo necesita mientras Milei cierra su gira en Nueva York.
Bullrich tiene prevista para la semana próxima una reunión con su círculo más cercano. Karina, sin abandonar los modos amables, se ubicó otra vez en el centro de la escena. La interna no se disolvió; se empaquetó. En política, a veces el plato frío no es venganza: es disciplina electoral.

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