Milei y Caputo pelean la batalla del consumo con posteos de Avenida Corrientes
Un militante libertario posteó Corrientes llena el sábado; Caputo y Milei lo usaron para ironizar sobre la caída del consumo. La postal del centro choca con el debate por cierres, salarios y demanda débil.

Cada sábado a la noche el oficialismo encuentra una postal. Esta vez fue Avenida Corrientes: frío, veredas llenas y un video de un militante libertario que, con ironía gruesa, preguntaba qué tan mal puede estar el consumo si el centro porteño late. El Presidente y el ministro de Economía se sumaron al hilo. La pelea ya no es solo por los números: es por qué imagen manda.
El posteo arrancó en redes. Un referente del ecosistema libertario compartió la escena y la presentaba como evidencia de que "hay consumo" y se llega a fin de mes. Caputo respondió en clave sarcástica: que todavía no es fin de mes, que en Corrientes el gasto es de "primera necesidad" y que el video era "totalmente sesgado". Milei cerró el círculo celebrando la "masterclass" de ironía y acusando a quienes hablan de demanda débil de haber sido engañados por un "chanta".
Un militante libertario posteó Corrientes llena el sábado; Caputo y Milei lo usaron para ironizar sobre la caída del consumo. La postal del centro choca con el debate por cierres, salarios y demanda débil.
No es la primera vez. En semanas recientes el mismo esquema se repitió con shoppings y pizzerías emblemáticas. La lógica es siempre la misma: una imagen densa de gente, un marco irónico y la tesis de que la crítica periodística y económica oculta una recuperación en marcha. La Rosada necesita transmitir optimismo cuando la conversación pública insiste en cierres, capacidad instalada ociosa y salarios que no alcanzan.
El problema es de escala. Corrientes concentra oficinas, teatros, gastronomía y un flujo que mezcla residentes, turistas y gente del conurbano. Que un sábado a la noche haya gente no demuestra que el consumo masivo —alimentos, higiene, limpieza— haya recuperado el terreno perdido. Tampoco niega que haya locales gastronómicos que bajan la persiana. Es una postal del centro, no un índice nacional.
Eso no impide que la estrategia funcione en el terreno que el oficialismo elige: las redes. Allí el Gobierno disputa el sentido común con clips cortos y tono combativo. El costo es que cada fin de semana la discusión se achica a una foto. Quien muestra Corrientes llena dice: miren la calle. Quien responde con encuestas y ventas dice: miren el ticket. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez, y esa coexistencia es exactamente lo que irrita al poder.
Las reacciones al posteo presidencial no fueron un festival de aplausos. Para una cuenta con millones de seguidores, el volumen de respuestas y el tono crítico contrastaron con el festejo interno. No es un dato concluyente, pero sí un síntoma: la batalla cultural de los findes ya no garantiza adhesión automática. Parte de la audiencia que antes compartía ahora discute, ironiza de vuelta o pregunta por el supermercado, no por la pizza del centro.
En el fondo late una disputa de método. El oficialismo privilegia la evidencia anecdótica porque es rápida, visual y emocional. La oposición y buena parte de la consultoría económica privilegian series, canastas y capacidad instalada porque pretenden medir lo que no se ve en una esquina. Cuando Caputo sugiere que quienes paseaban por Corrientes "seguramente" trabajan en energía o minería, el chiste admite sin querer el diagnóstico: la recuperación es sectorial, no transversal.
La "batalla de los findes" también habla de agenda. Mientras el Congreso se prepara para Presupuesto y reforma electoral, y mientras la justicia acumula frentes abiertos, el Gobierno elige pelear el relato del bolsillo en redes. Es barato en tiempo político y costoso en credibilidad si la micro no acompaña. Una calle llena puede ser fiesta, hábito o supervivencia: la foto no lo aclara.
Queda una tensión de gobernabilidad. Transmitir optimismo es parte del oficio. Negar el malestar cuando aparece en encuestas y en el propio entorno social del oficialismo es otra cosa. Cada sábado el oficialismo apuesta a que la calle porteña gane a los indicadores. Cada lunes, los indicadores vuelven. La pelea seguirá mientras la recuperación no se sienta en el consumo cotidiano, no solo en la noche del centro.

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