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Reelección

El operativo reelección de Milei choca con la interna Bullrich-Karina y el nudo de las PASO

El Presidente ordena cerrar filas hacia 2027, pero la tensión entre Karina Milei y Patricia Bullrich se cruza con conversaciones sobre las primarias, el Presupuesto y el viaje a París con gobernadores.

"Javier Milei en la cumbre del Escudo de las Américas en Nueva York." (TN)

Algo cambió en la Casa Rosada. Javier Milei, durante meses más ocupado del tablero macro y de la agenda exterior, bajó al barro de la política cotidiana con una prioridad que ya no se discute en voz baja: la reelección de 2027. La consigna interna es cerrar filas. En su última visita a la provincia de Buenos Aires el Presidente intervino en persona para ordenar la interna libertaria: que estén todos invitados, que no haya heridos y que ningún candidato a intendente haga campaña hasta febrero. Hoy, dicen en el armado, la prioridad es una sola.

Esa orden, sin embargo, choca con una grieta que no cierra. La tensión entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y la jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, atraviesa el operativo reelección y se mezcla con la negociación más sensible del calendario: qué hacer con las PASO. En el entorno de la hermana del Presidente circula la sospecha de que Bullrich resiste suspender o eliminar las primarias para, llegado el caso, forzar una interna dentro de La Libertad Avanza. Del otro lado, bullrichistas minimizan la hipótesis y aseguran que hoy el trabajo es por la reelección del Presidente, aunque admiten que “todo puede ser” en un año electoral.

El Presidente ordena cerrar filas hacia 2027, pero la tensión entre Karina Milei y Patricia Bullrich se cruza con conversaciones sobre las primarias, el Presupuesto y el viaje a París con gobernadores.

Primarias con variantes y el precio de 2025

La discusión ya no se resume en eliminar o suspender. En conversaciones que cruzan al oficialismo, a aliados y hasta a sectores opositores aparecen “primarias con variantes”: que un partido con lista única no esté obligado a PASO, o que el ganador de la primaria presidencial pueda elegir como vice a alguien que lo enfrentó en esa misma elección. La memoria de septiembre de 2025 pesa: el peronismo ganó por amplio margen en la provincia de Buenos Aires, hubo corrida cambiaria y después un triunfo oficialista en octubre atribuido al miedo al retorno kirchnerista. El Gobierno no quiere repetir ese péndulo; tampoco quiere que una PASO peronista contundente le robe el relato a una lista única libertaria.

Milei, ante legisladores propios, ya puso cifra a la preocupación: necesita unos 100.000 millones de dólares para frenar cualquier intento de desestabilización en 2027. Esa cuenta se cruza con el Presupuesto del año próximo y con el viaje a París para la Argentina Week, donde el Presidente llevará a una docena de gobernadores. Los mandatarios provinciales que recibe el jefe de Gabinete, Diego Santilli, repiten por ahora una fórmula corta: de las PASO, nada; primero un pacto electoral y después, eventualmente, cambios en el Congreso.

La cena que no alcanzó

La interna libertaria tuvo su foto de distensión y su contracara en menos de 48 horas. Karina Milei convocó a senadores del bloque a una cena de sushi —Villa del Parque o Villa Urquiza, según las versiones— con Martín Menem y Patricia Bullrich en la mesa. La senadora habló de “amistad y compañerismo”. Poco después volvió a marcar diferencias públicas: libertad de prensa en Formosa frente al festejo oficial por condenas a periodistas, y rechazo al juicio político a juezas que no aplicaron la reforma penal juvenil. En Balcarce 50 el límite declarado es la ruptura formal: mientras no arme monobloque, el desmarque se interpreta como “aporte”. A la vez, satélites del Presidente deslizan hartazgo y recuerdan la frase sobre “sustitutos de segunda calidad”, que en el mundillo político se leyó como un guiño a Bullrich aunque el entorno lo niegue.

Bullrich, por su parte, acumula capital propio. En 2025 obtuvo cerca del 50% en la Ciudad como candidata al Senado bajo la boleta violeta y hoy aparece en sondeos como opción para un “mileísmo crítico”: votantes del Presidente desencantados con la economía que la ven como alternativa razonable. Hay quienes, dentro del oficialismo, creen que Milei debería ofrecerle la vicepresidencia para contenerla. Otros, del núcleo karinista, ya marcan a Martín Menem como pieza del mileísmo post Milei y miran con desconfianza cualquier autonomización de la senadora.

El reloj de octubre

El tablero se completa con Santilli, que proyecta la gobernación bonaerense y despierta recelos de sucesión; con un peronismo que necesita las PASO pero admite que una interna ganada por Axel Kicillof puede ser una trampa; y con un Congreso que todavía no tiene los 37 votos del Senado ni los 129 de Diputados para una reforma electoral de mayorías agravadas. París será la próxima mesa. Después llegan el Presupuesto, Malvinas y el resto de la agenda de octubre.

El operativo reelección exige unidad, plata y reglas claras. Hoy tiene sospechas, una tregua frágil y una negociación de primarias que atraviesa a todo el arco político. Mientras esa ecuación no cierre, cada diferenciación de Bullrich y cada silencio calculado de Karina no son ruido de pasillo: son el termómetro de un proyecto que quiere reeditar el poder sin terminar peleando consigo mismo.

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