El "ningunismo" crece y obliga al oficialismo a rediseñar la campaña a 2027
Los sondeos detectan un electorado sin identidad partidaria cercano al 15%. Agotada la línea anti casta, la Rosada busca un nuevo mensaje, polariza con el peronismo y apuesta a los gobernadores aliados para llegar ordenada a la reelección.

En la Casa Rosada ya no alcanza con repetir el libreto que abrió el ciclo. Una porción creciente del electorado —el llamado "ningunismo"— no se identifica con ningún partido, no simpatiza con ningún espacio y tampoco encuentra pertenencia en la oferta disponible. Según sondeos que circulan en despachos oficiales, ese universo rozaría el 15% del padrón y podría traducirse en una caída de la concurrencia a las urnas cercana a cinco puntos. El dato obliga a rediscutir la estrategia de cara a 2027.
La lectura interna es dura: "dejó de ser el outsider y empieza a verse como un político más". Agotada la línea "anti casta", el oficialismo sabe que necesita un mensaje nuevo para renovar el contrato con quienes lo votaron y con quienes hoy miran de costado. La foto en París con trece gobernadores aliados y el jefe de Gobierno porteño fue, en esa clave, una pieza de campaña anticipada: ampliar la red de acuerdos, exhibir pragmatismo y ordenar la conversación legislativa que viene.
Los sondeos detectan un electorado sin identidad partidaria cercano al 15%. Agotada la línea anti casta, la Rosada busca un nuevo mensaje, polariza con el peronismo y apuesta a los gobernadores aliados para llegar ordenada a la reelección.
El Presidente, desde la capital francesa, ensayó el giro. Ante empresarios del Coloquio IDEA prometió redoblar reformas si los argentinos eligen "este camino", con inflación "pulverizada" y crecimiento más fuerte. Horas después, al abrir la Argentina Week, rechazó cualquier "plan platita" y apostó a "más libertad y ortodoxia". El eje, coinciden en Balcarce 50, es que la campaña sea la gestión: defender el programa económico y vendérselo otra vez a una sociedad que pide resultados más rápidos de los que llegó a mostrar.
Ese reordenamiento discursivo no es inocente. Compromete a toda la mesa política —en particular al estratega Santiago Caputo— y choca con un dilema conocido: cómo administrar la polarización con el peronismo sin fortalecer al rival que mejor mide. Luis Caputo y Diego Santilli intensificaron el contraste; el ministro llegó a hablar del gobernador bonaerense en términos extremos. Otros, en cambio, advierten que polarizar puede ser un boomerang cuando la imagen negativa del libertario ya supera el 50% en varios relevamientos y la del peronismo bonaerense se mantiene competitivamente alta.
La tensión se resume en una frase que circula cerca del poder: no sirve polarizar con nadie; hay que fragmentar e incentivar una oposición dividida. El Presidente, por su parte, insiste en que compite contra sí mismo y que discutir con quienes "atrasan cien años" es casi insultante. El riesgo es el mismo que enfrentó el macrismo en su intento de reelección: convertir la elección en blanco o negro y dejar afuera a un electorado huérfano —entre un 30% y un 40% en algunas lecturas— que no quiere volver al pasado pero tampoco renovar el presente sin más.
El tablero legislativo complica el armado. Presupuesto 2027, reforma electoral —con la eliminación de las PASO como trofeo— y la defensa del DNU 70/2023 dependen de los mismos aliados que el viaje europeo buscó seducir. Un fallo de la Corte que reactivó el capítulo de tierras volvió a poner el decreto en el centro del Congreso; la oposición cita sesión para intentar derribarlo con números ajustados y presión social. En el oficialismo confían en que los gobernadores del norte, recién vueltos de París, no se prenderán en esa embestida.
Hay, además, un cálculo electoral frío: menos PASO, menos fatiga de urnas, menos deserción de ese electorado que se aleja. En París se habló de no presentar candidatos en algunas provincias a cambio de respaldo a la reforma; otras voces violetas aseguran que competirán en todos los distritos. La contradicción ilustra el momento: seducir aliados sin diluir la marca, ampliar sin parecer "casta", polarizar sin alimentar al adversario.
El interrogante que queda instalado es simple y pesado. ¿Alcanza un nuevo mensaje de gestión y ortodoxia para recuperar a los que se fueron al ningunismo, o la identidad que algunos creen perdida ya no se reconstruye solo con fotos en el exterior y promesas de milagro económico? La respuesta se empezará a medir en las provinciales de 2027 y, antes, en cada sesión del Congreso donde los aliados tengan la llave.

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