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Combustibles

Las privadas suben la nafta hasta 5% y el mercado espera el paso de YPF

Las petroleras privadas aplicaron subas de entre 2% y 5% en naftas y gasoil tras el alza del Brent cerca de los 100 dólares. YPF, que concentra alrededor del 55% del mercado minorista, todavía no actualizó surtidores. El desfasaje redefine el mapa de precios y pone presión sobre la próxima decisión de la compañía de mayoría estatal.

Las petroleras informaron aumentos de hasta 5% en los combustibles, mientras YPF espera. (La Nación)

La suba internacional del crudo ya se siente en los surtidores. Las principales petroleras privadas aplicaron esta semana aumentos de entre 2% y 5% en naftas y gasoil, mientras la compañía de mayoría estatal —que concentra más de la mitad del mercado minorista— todavía no movió sus pizarras. El contraste deja al consumidor frente a un mapa de precios desigual y pone presión sobre la decisión que defina el alcance del ajuste.

El movimiento llega después de varias jornadas de alza en el mercado internacional. El Brent cotizaba cerca de los 98 dólares por barril este viernes, lejos de los mínimos de julio y todavía condicionado por la tensión geopolítica en Medio Oriente. En ese contexto, las privadas adelantaron la actualización; la líder del sector sigue midiendo tiempos.

Las petroleras privadas aplicaron subas de entre 2% y 5% en naftas y gasoil tras el alza del Brent cerca de los 100 dólares. YPF, que concentra alrededor del 55% del mercado minorista, todavía no actualizó surtidores. El desfasaje redefine el mapa de precios y pone presión sobre la próxima decisión de la compañía de mayoría estatal.

Cómo quedaron los números

Los porcentajes no son uniformes. Una de las redes privadas subió alrededor de 2% las naftas y hasta 5% el gasoil. Otra ajustó las naftas cerca de 2,5% en promedio. Una tercera también actualizó precios, aunque sin un porcentaje único para toda su red. El valor final cambia según estación, localidad y producto.

Un relevamiento en estaciones de la Ciudad de Buenos Aires el 24 de septiembre mostró la nafta súper de marcas privadas en un rango cercano a los 2.150–2.185 pesos por litro, con premium por encima de los 2.450. En diésel, los precios iban de poco más de 2.300 a alrededor de 2.600 pesos según el producto. Como referencia de la semana, un procesamiento de datos oficiales de la Subsecretaría de Combustibles Líquidos ubicó la súper en un promedio nacional cercano a 2.199 pesos, la premium en 2.481, el gasoil grado 2 en 2.423 y el grado 3 en 2.670.

El peso de quien concentra el 55%

La decisión de la petrolera de mayoría estatal es la variable que más mira el mercado. Con cerca del 55% de las ventas minoristas, si mantiene precios por debajo de sus competidoras puede atraer demanda adicional; al mismo tiempo, vende volúmenes altos con una referencia de ingreso menor. Las privadas, entre todas, se reparten alrededor del 45% restante.

Ese desbalance genera un efecto de segundo orden: cuanto más se despeguen las pizarras privadas, más automovilistas tienden a cargar en la red líder. Eso agranda su share en un momento en que el precio local de referencia se asocia, según analistas del sector, a un barril internacional en torno a los 85 dólares. Mantener surtidores quietos con el crudo cerca de 100 implica absorber parte del costo a la espera de una baja o de una corrección posterior.

El presidente de la compañía de mayoría estatal adelantó que, si el barril se sostiene alrededor de 100 dólares por un período prolongado, los precios locales deberán acompañar ese nivel. También subrayó la volatilidad del mercado, atada a inventarios globales y a la agenda geopolítica.

El "buffer" bajo presión

Las empresas del sector suelen aplicar un mecanismo de amortiguación —conocido como buffer— para evitar que cada vaivén diario del petróleo se traslade de inmediato al consumidor. Bajo ese esquema, una parte del shock se absorbe y los ajustes se distribuyen en el tiempo. La presión acumulada desde los pisos de mitad de año, con subas internacionales de más del 25% tras el recrudecimiento de conflictos en Irán y Yemen, pone a prueba esa resistencia.

Cuando las redes más chicas abandonan el buffer, como ocurrió esta semana, el costo político y comercial de no moverse crece para quien domina el surtidor. El resultado es un mercado a dos velocidades: privados ya actualizados y un actor dominante que todavía no confirma fecha ni magnitud.

Qué mirar en los próximos días

Tres señales concentrarán la atención. La primera es si la líder del mercado actualiza y en qué porcentaje. La segunda, la trayectoria del Brent: un crudo estable cerca de 100 dólares refuerza el argumento de traspaso; una baja rápida reabre margen para diluir el ajuste. La tercera es el impacto en inflación de alimentos y transporte, en un cierre de mes ya marcado por riesgo país alto y actividad débil.

Para el conductor, el mapa concreto es simple: comparar pizarras por barrio y por marca. Para el mercado, la pregunta es si el movimiento privado queda como un desfasaje temporal o como el primer tramo de una ronda generalizada. Hasta que la compañía de mayoría estatal defina, la incertidumbre se paga en el surtidor.

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