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Peronismo

El PJ arma plan B sin PASO: interna partidaria con Kicillof en el centro

Sin certeza sobre las PASO, el peronismo diseña una interna propia. En San Telmo, Máximo Kirchner, Capitanich, Uñac y Quintela evaluaron mecanismos con votos; Kicillof, tras Avellaneda, fuerza a competir en primarias o en una interna partidaria.

"Kicillof plantea las PASO —o una interna— como herramienta para ordenar al peronismo rumbo a 2027." (Clarín)

En el peronismo ya no alcanza con defender las PASO: hace falta un plan B. Mientras la Casa Rosada busca eliminarlas o suspenderlas antes de que se agote el año legislativo, el justicialismo empezó a diseñar una interna propia que le permita resolver candidaturas con votos aunque el Estado retire la herramienta. El eje de esa conversación atraviesa a Axel Kicillof, que tras el plenario federal de Avellaneda se plantó como precandidato dispuesto a competir en primarias oficiales o en una elección partidaria.

La pieza más reciente de ese tablero ocurrió la semana pasada en el búnker que Máximo Kirchner tiene en San Telmo. Allí se sentaron el líder de La Cámpora, los exgobernadores Jorge "Coqui" Capitanich y Sergio Uñac, y el riojano Ricardo "Gitano" Quintela. El encuentro no se limitó a la agenda legislativa —Kirchner les adelantó el Impuesto a las Transferencias Internacionales de Capital, con 60% de la recaudación para provincias y municipios—: el núcleo político fue cómo sostener la unidad si las PASO caen. Coincidieron en evaluar una interna partidaria y en discutir un programa de gobierno conjunto antes de pelear nombres.

Sin certeza sobre las PASO, el peronismo diseña una interna propia. En San Telmo, Máximo Kirchner, Capitanich, Uñac y Quintela evaluaron mecanismos con votos; Kicillof, tras Avellaneda, fuerza a competir en primarias o en una interna partidaria.

Esa premura no es abstracta. Aliados del oficialismo, como el jujeño Carlos Sadir, explicaron en público la lógica de fondo: unas primarias le darían a la oposición herramientas para reagruparse y volverse más competitiva. En esa lectura, el costo fiscal de las PASO importa menos que el efecto político de sacarlas del camino. El Gobierno negocia por varios carriles porque sabe que, si reforma las reglas, tiene que ser este año. En el PJ interpretan la maniobra como un intento de dejarlos sin mecanismo para ordenar diferencias.

Kicillof acelera ese reloj. Después del acto en Avellaneda, el gobernador bonaerense dejó una certeza: será precandidato a presidente y acepta tanto PASO como una interna. Su Movimiento Derecho al Futuro acumula recorridas federales y estructura territorial; mediciones de menciones en redes lo ubican como el opositor más citado cuando se pregunta quién podría enfrentar al Presidente. Quienes dentro del espacio lo consideran inviables en un eventual balotaje admiten, al mismo tiempo, que su espalda electoral lo habilita a pelear la candidatura. La conclusión práctica es dura: la única forma de desplazarlo es ganarle con votos.

Ese mismo razonamiento empuja a Sergio Massa y al Frente Renovador. El tigrense volvió a levantar perfil ante intendentes, habló de "unidad con competencia" y dejó abierta la vía de una primaria para ordenar el espacio. Dirigentes cercanos lo reivindican como candidato competitivo si hubiera PASO; Malena Galmarini, en la misma línea, insistió en sostener las primarias y, si se eliminan, ir a internas abiertas o incluso cerradas. La cumbre de agosto en el Hotel Emperador —Kicillof, Massa, Máximo Kirchner y gobernadores— había fijado la defensa de las PASO como el único punto firme de acuerdo. Desde entonces cada tribu acumuló fuerza propia sin sintetizar liderazgos.

Uñac aportó el diseño más concreto del plan B: una interna abierta por regiones, en cuatro días distintos —NEA, NOA, centro y Patagonia—, para atenuar el peso del AMBA y dar voz al interior. La propuesta circuló en San Telmo junto con las advertencias de siempre: logística, costos, límites y el riesgo de que el oficialismo se meta en una discusión ajena. Capitanich y otros mandatarios del interior empujan formatos que equilibren el mapa. La Cámpora, en paralelo, sostiene la centralidad simbólica de Cristina Kirchner —impedida de competir por su situación judicial— y marca distancia con el gobernador bonaerense incluso cuando comparte mesas de coordinación.

El gobernador, por su lado, ya había dejado la frase que resume su postura ante la tropa del MDF: no habrá unidad con condicionamientos; irán a PASO o a internas. En entrevistas recientes planteó que las primarias pueden servir para construir una alternativa amplia contra el oficialismo y que, justamente por eso, el Gobierno quiere eliminarlas. La paradoja es evidente: el mismo Kicillof que impulsó la suspensión de las PASO bonaerenses en 2025 ahora las reivindica a escala nacional como instrumento de orden.

El reloj legislativo corre. Sin votos consolidados para bajar las primarias, el oficialismo prueba variantes —suspensión, optativas, financiamiento estatal de internas partidarias— mientras el peronismo valida mecanismos propios. Será PASO o será interna: en la mesa chica del PJ asumen que no hay otros caminos con aval transversal. El objetivo declarado es llegar a 2027 sin romper el frente. El riesgo, también declarado en privado, es que la disputa por el método termine siendo otra forma de la disputa por el poder.

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