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acuerdo electoral

PRO y oficialismo admiten que el acuerdo electoral para 2027 sigue lejos

Tras la cuarta mesa en Casa Rosada, Ritondo y De Andreis marcaron distancia con cualquier alianza cerrada. Persisten roces por distritos, discapacidad, PASO y el rol de Mauricio Macri.

"Estamos lejos del acuerdo electoral" (Diario Perfil)

La cuarta reunión de la mesa quincenal entre el PRO y el oficialismo libertario volvió a dejar una frase que resume el momento: el acuerdo electoral para 2027 está lejos. Lo dijo sin vueltas Cristian Ritondo al salir de Casa Rosada, acompañado por Fernando De Andreis, y lo ratificaron fuentes de ambos espacios que, al mismo tiempo, descartan un divorcio definitivo y asumen que el vínculo terminará atado al objetivo de la reelección del presidente Javier Milei.

El encuentro, el cuarto de una serie que lleva Diego Santilli y Eduardo “Lule” Menem por el lado del Ejecutivo y a los enviados de Mauricio Macri por el amarillo, no tuvo carácter electoral formal. Esa aclaración se repitió porque la agenda legislativa ocupó gran parte de la mesa, pero también porque ninguno de los dos bandos quiere aparecer como “acuerdista” demasiado pronto. Un funcionario lo graficó con crudeza: recién se están poniendo de novios; el casamiento es el acuerdo, y conviene patalear ahora.

Tras la cuarta mesa en Casa Rosada, Ritondo y De Andreis marcaron distancia con cualquier alianza cerrada. Persisten roces por distritos, discapacidad, PASO y el rol de Mauricio Macri.

El malestar del PRO no es abstracto. Ritondo y De Andreis llevaron a la Rosada el enojo por la decisión del Gobierno de incluir un ajuste en discapacidad dentro del proyecto de Presupuesto 2027, un punto que ya había tensionado la relación con aliados dialoguistas. Aunque el oficialismo logró recomponer un dictamen y los macristas valoraron cambios posteriores, la herida quedó a la vista: la cooperación parlamentaria no alcanza para ordenar la conversación electoral.

Otro foco de roce es territorial. El partido amarillo reclama blindar los distritos donde gobierna o conserva peso municipal, mientras La Libertad Avanza avanza con la intención de expandirse allí donde el macrismo muestra debilidad. En el PRO mencionan tensiones con la gestión de Jorge Macri en la Ciudad, cruces en Chubut con Ignacio Torres y disputas locales con concejales propios. Ritondo, consultado sobre las críticas libertarias a la administración porteña, prefirió enfriar: dijo que hay un ámbito de confianza para aportar y que no cuestionan que los critiquen.

En Casa Rosada, en cambio, leen el estancamiento con otra lupa. Fuentes oficiales sostienen que la interna entre los primos Jorge y Mauricio Macri complica el canal de diálogo y que, en el fondo, el debate por la Capital sigue sin resolverse. En el campamento amarillo niegan un distanciamiento abierto y atribuyen esas versiones a comentarios en off del Gobierno. La discusión, de todos modos, se cruza con la reforma electoral que el oficialismo quiere tratar antes de fin de año: en el PRO todavía no hay definición sobre acompañar o no la eliminación de las PASO, y esa misma lógica condiciona las tratativas de Karina Milei con gobernadores.

Mauricio Macri, mientras tanto, reapareció en el norte con la recorrida “Próximo Paso”. Desde Jujuy reivindicó el respaldo del PRO al Gobierno “como nunca nadie lo hizo”, pero cuestionó la calidad del superávit fiscal y la falta de “buenos equipos”. Esas críticas reactivaron el malestar libertario: en el entorno presidencial lo acusan de conservar capacidad de daño sin capital político suficiente, y señalan que Lacunza mantiene una candidatura propia que el macrismo no está dispuesto a bajar por exigencia de la Rosada.

El contraste queda así planteado. En el Congreso, PRO y oficialismo pueden coincidir en tramos del Presupuesto, en la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central o en dictámenes puntuales. En la mesa política, sin embargo, persisten las diferencias de fondo: distritos, tiempos, PASO, rol de Macri y el miedo de ambos a cerrar demasiado pronto un acuerdo que todavía no tiene precio. Las elecciones de 2027 —con o sin primarias— siguen lejos en el calendario, y esa distancia es hoy el mejor argumento para no forzar el casamiento.

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