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Riesgo país

El riesgo país perforó los 600 puntos por el shock externo y la incertidumbre electoral

El indicador de JP Morgan cerró el viernes en 609 puntos básicos, su mayor nivel desde abril, tras una semana de castigo a los bonos soberanos. El Gobierno atribuye la suba al contexto global; analistas suman dudas locales de cara a 2027.

"Operadores en el piso de Wall Street en una jornada de alta volatilidad." (LA NACION)

El riesgo país argentino volvió a perforar la barrera de los 600 puntos básicos. El viernes el indicador elaborado por JP Morgan avanzó unas 31 unidades y cerró en 609 (+5,4%), el valor más alto desde principios de abril. En la semana acumuló un salto de 85 unidades; en lo que va de septiembre, cerca de 97 (+19%). El movimiento acompañó una caída generalizada de los bonos soberanos, con bajas más profundas en el tramo largo de la curva.

La lectura dominante en las mesas es que el shock externo recuperó protagonismo. El Brent se acercó a los 107 dólares por barril y el rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años trepó hasta 5,22%, un máximo de casi dos décadas. Además, el mercado elevó cerca del 70% la probabilidad de otra suba de la Reserva Federal en octubre, luego del ajuste de 25 puntos básicos del 16 de septiembre, que dejó la tasa de referencia en el rango 3,75%–4%. Ese combo encarece el financiamiento global y arrastra a emergentes: la renta fija argentina tuvo una de las peores semanas del año y no logró desacoplarse.

El indicador de JP Morgan cerró el viernes en 609 puntos básicos, su mayor nivel desde abril, tras una semana de castigo a los bonos soberanos. El Gobierno atribuye la suba al contexto global; analistas suman dudas locales de cara a 2027.

Qué miran el Gobierno y el mercado

En el Ejecutivo atribuyen la suba sobre todo al contexto internacional —tasas estadounidenses, tensiones geopolíticas e inestabilidad global— y descartan, por ahora, que los últimos datos de actividad y pobreza expliquen el movimiento. Apuestan a que la presión ceda en los próximos meses, en línea con una eventual normalización del escenario externo. El indicador había tocado un mínimo cercano a 402–403 puntos a mediados/comienzos de julio; desde entonces el deterioro ronda los 200 puntos, con un pico intradía reciente por encima de 620.

Los analistas locales suman capas. Señalan que en agosto la deuda ya se había desacoplado por factores internos —actividad débil, encuestas y revisión de la probabilidad implícita de reelección— y que en septiembre el clima global pasó a pesar más. A la vez, persisten dudas sobre la acumulación de reservas, el ancla cambiaria y el programa financiero de 2027, en un año que se acerca al calendario electoral sin una ventana clara de colocaciones externas.

Bonos, tasas y el programa 2027

El viernes los Globales cayeron entre 1,4% y 4,6%, según reportes de mercado, con el tramo largo como el más castigado. Títulos como el AO29 llegaron a rendir alrededor de 12% medido al dólar MEP y cerca de 14% vía CCL: tasas que tensionan cualquier estrategia de refinanciamiento para el año próximo. También se observó desarbitraje entre papeles de legislación local y de Nueva York, una señal típica de mayor aversión al riesgo soberano.

La respuesta oficial no contempla, por ahora, una emisión internacional como ancla del programa. Economía proyecta cubrir necesidades con fuentes domésticas y con el superávit comercial, y sostiene que la posición externa es distinta a episodios previos por el crecimiento de las exportaciones. El mercado, en cambio, mide el costo de esa apuesta en el precio de los bonos y en los seguros contra default.

Qué podría revertir la escalada

Entre los factores que podrían bajar el riesgo país, los analistas enumeran un alivio del shock externo (petróleo y tasas), señales más claras de acumulación de divisas, un ancla fiscal creíble hacia 2027 y acuerdos políticos que reduzcan la incertidumbre electoral. También advierten que el “piso” del indicador tiende a subir a medida que se acerca el año electoral: puede haber rebotes técnicos, pero cada tramo de incertidumbre se paga más caro.

El dato del viernes no es un derrumbe aislado: es la confirmación de diez ruedas consecutivas en alza y de un régimen de precios donde la deuda argentina vuelve a cotizar con un spread de estrés. La discusión de fondo —si la estabilidad nominal alcanza para anclar expectativas financieras sin un repunte de actividad y sin acceso externo fluido— queda abierta para las próximas semanas.

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