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El riesgo país salta a 636 y el Merval abre octubre en mínimos de mayo

El indicador de JP Morgan trepó a 636 puntos, máximo desde diciembre de 2025. Bonos en dólares y el S&P Merval cayeron con fuerza ante la suba de tasas en Estados Unidos y la prima electoral de 2027.

"La deuda argentina sigue bajo presión." (Clarín)

Los activos argentinos empezaron octubre bajo presión. El riesgo país medido por JP Morgan trepó a 636 puntos básicos —unas 30 unidades más que el cierre previo—, el nivel más alto desde el 3 de diciembre de 2025. Los bonos soberanos en dólares resignaron alrededor de 1% en promedio y el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó más de 2% en pesos, hasta los 2.758.840 puntos, un mínimo desde mediados de mayo.

En Nueva York, los ADR y las acciones de compañías locales operaron con bajas de hasta 5,5%. IRSA, Telecom y Corporación América lideraron el rojo. La sesión estuvo condicionada por un nuevo repunte de las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos: el papel a diez años llegó a marcar un rendimiento superior al 5,3% por la mañana —máximos de varios años— antes de moderarse tras recompras del propio Tesoro norteamericano.

El indicador de JP Morgan trepó a 636 puntos, máximo desde diciembre de 2025. Bonos en dólares y el S&P Merval cayeron con fuerza ante la suba de tasas en Estados Unidos y la prima electoral de 2027.

Tasas afuera, prima electoral adentro

Analistas del mercado coinciden en que el piso del riesgo país se mueve con las tasas largas estadounidenses. Cuando esas tasas suben, se eleva el diferencial exigido a la deuda emergente y se vuelve más difícil comprimir el spread argentino. A ese factor externo se suma, desde agosto, una lectura local: el riesgo electoral de 2027 y una salida de inversores de activos de riesgo en mercados emergentes, con una incidencia mayor sobre la Argentina que sobre varios de sus pares.

Esa percepción se ve en la curva. El diferencial de tasas entre títulos con vencimiento previo a las elecciones y aquellos que vencen después del ciclo electoral se ensanchó hacia el 19%, desde mínimos cercanos al 12% entre julio y agosto. El castigo se concentró en los vencimientos largos: en septiembre, los Globales perdieron cerca de 4,7% en dólares en promedio, con caídas de hasta 8,6% en papeles como el AL41, mientras los tramos cortos resistieron mejor.

Después de haber trepado cerca de un 19% en septiembre y de alejarse de los mínimos cercanos a las 400 unidades de principios de julio, el indicador vuelve a instalarse por encima de los 600 puntos, zona que el mercado describe como “compleja”.

Un Merval que llega herido de septiembre

En renta variable, septiembre ya había dejado un balance negativo. El S&P Merval cayó 7,1% en pesos y alrededor de 8,5% medido en dólares; de 19 papeles relevados, 18 terminaron el mes en baja. El sector financiero explicó más de la mitad del deterioro, con retrocesos de dos dígitos en varios bancos, mientras la energía amortiguó parte de la baja gracias al peso de YPF en el panel.

Octubre, estadísticamente, suele ser un mes favorable para el índice porteño —y en años preelectorales históricamente no cerró en baja—, pero varias casas de análisis prefieren esperar una señal de piso antes de aumentar exposición. Mientras el contexto global no muestre un claro “risk-on”, la lectura dominante es de cautela: priorizar calidad crediticia, cupones y coberturas, más que apostar a una recuperación generalizada.

Liquidez, reservas y pocas certezas inmediatas

En la plaza local, operadores señalaron un mayor volumen de liquidez tras el cierre de carteras de septiembre, con operaciones selectivas. La reciente intervención cambiaria del Banco Central expandió el circulante: la autoridad monetaria absorbió unos 93 millones de dólares en la rueda, después de sumar cerca de 473 millones a las reservas en septiembre. En lo que va de 2026, acumula alrededor de 14.600 millones adquiridos, por encima de los 10.000 millones comprometidos en el acuerdo vigente con el Fondo.

Ese blindaje de reservas, sin embargo, no alcanza por sí solo para comprimir el spread mientras las tasas internacionales sigan altas y el mercado pricee el tránsito electoral. En pesos, la preferencia de varias mesas se concentra en tramos medios con cobertura; en dólares soberanos, la postura más frecuente es neutral, con búsqueda de oportunidades en créditos corporativos y provinciales de mayor calidad. En acciones, el sesgo defensivo apunta a compañías menos dependientes de un rebote inmediato de la actividad doméstica, en particular el segmento energético.

El arranque de octubre deja, así, un mensaje claro: la estabilización macro que el Gobierno exhibe en foros internacionales todavía no se traduce en un alivio sostenido del costo de financiamiento. Mientras las tasas afuera no aflojen y la incertidumbre política de 2027 siga en el precio, el riesgo país y la bolsa local seguirán operando con el freno puesto.

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