El riesgo país cierra septiembre arriba de 600 y deja el mes en rojo
El indicador de JP Morgan terminó el mes en torno a los 609 puntos básicos, con una suba cercana al 19%. Bonos y acciones cerraron septiembre con pérdidas fuertes, pese a un leve rebote en la última rueda.

Septiembre se va con el riesgo país otra vez por encima de los 600 puntos básicos y con un balance negativo para bonos y acciones. En la última rueda del mes el indicador elaborado por JP Morgan ronda los 609 puntos, tras una suba cercana al 19% —unas 100 unidades— que borra buena parte de la mejora acumulada en el año y lo deja cerca de los niveles de abril.
La jornada de cierre mostró un rebote técnico: los soberanos en dólares operaron levemente al alza y el S&P Merval recuperó algo del terreno perdido después de varias sesiones en baja. Ese respiro intradía no alcanza, sin embargo, para maquillar el rojo mensual. Los títulos hard dollar recortaron en torno al 6% en precios a lo largo de septiembre; en Wall Street, los ADR bancarios acumularon caídas cercanas al 20%.
El indicador de JP Morgan terminó el mes en torno a los 609 puntos básicos, con una suba cercana al 19%. Bonos y acciones cerraron septiembre con pérdidas fuertes, pese a un leve rebote en la última rueda.
Afuera: tasas altas y aversión al riesgo
El contexto internacional marcó el ritmo. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a diez años se ubicaron en máximos de más de dos décadas, cerca del 5,30%, y empujaron a los inversores hacia activos percibidos como más seguros. A eso se sumó la tensión en Medio Oriente, con el crudo otra vez cerca de los 100 dólares el barril, un combo que suele castigar con dureza a los emergentes.
En ese clima de flight to quality, la deuda argentina quedó especialmente expuesta. Fondos e institucionales desarmaron posiciones en rentas fijas y variables de mayor volatilidad, y el premio exigido por sostener bonos locales volvió a dilatarse. Analistas locales describieron el mes como “complicado” para la curva soberana: el frente externo dejó poco margen y amplificó cada duda doméstica.
Adentro: reservas, financiamiento y 2027
Del lado local pesan tres frentes. El primero es la acumulación de reservas. Las compras oficiales en el mercado cambiario cerraron septiembre con un saldo bajo —en el orden de los 300 millones de dólares—, el más flojo del año desde que el Banco Central retomó la estrategia de recompra. Aunque el agro liquidó con buen ritmo y aportó el mayor ingreso acumulado del año, la dinámica de divisas no alcanzó para tranquilizar al mercado.
El segundo frente es el financiamiento en dólares. Con el riesgo país arriba de 600, se encarece la alternativa de emitir Bonares en el mercado local y se complica cualquier intento de volver a los mercados externos. El Tesoro había pensado en recaudar varios miles de millones por esa vía; el deterioro de precios pone ese objetivo bajo revisión.
El tercero es político-electoral. A poco más de un año de las presidenciales, los inversores miran la capacidad del oficialismo para sostener la agenda de reformas en el Congreso, la desaceleración de la actividad y el consumo, y el riesgo de un cambio de rumbo en 2027. Esa incertidumbre se traduce en una postura más defensiva de las carteras institucionales.
Dólar más calmo, estructura frágil
En contraste con el castigo a la renta fija y a las acciones, el tipo de cambio oficial mostró cierta estabilidad relativa: subió menos que la inflación estimada del mes, aunque llegó a tocar máximos nominales del año. En la última rueda el minorista operó cerca de 1.540 pesos, con una baja diaria leve, y el mayorista se ubicó en torno a 1.519, lejos del techo de la banda.
Esa calma cambiaria no alcanza para compensar el mensaje que envía el riesgo país. Un spread de 609 puntos básicos equivale a más de seis puntos porcentuales por encima de la tasa libre de riesgo estadounidense: un costo que dificulta refinanciar vencimientos con nuevos papeles y refuerza la dependencia de las reservas y del financiamiento doméstico.
Qué mira el mercado de acá en más
El debate entre operadores pasa por si el salto por encima de los 600 puntos es sobre todo un coletazo de la volatilidad global o si refleja una preocupación más persistente sobre la capacidad de generar dólares y honrar compromisos. Octubre, mes estacionalmente más amable para la bolsa local y con valuaciones ya castigadas, aparece como una ventana posible de reentrada para algunos fondos; otros prefieren esperar señales más claras sobre reservas, tasas afuera y definiciones políticas.
Por ahora, el cierre de septiembre deja una foto nítida: rebote de último momento, pero un mes en rojo para deuda y acciones, con el riesgo país otra vez en zona de alerta y el costo de financiamiento lejos del nivel que el Gobierno necesita para recuperar acceso pleno al crédito internacional.

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